
El 4 de junio de 2024 no fue un día más. En las instalaciones del Colegio Médico del Perú, durante la conmemoración del Día del Agente Comunitario de Salud, ocurrió un encuentro que marcaría un antes y un después. Desde las comunidades amazónicas del Marañón y de la frontera con Colombia, llegó una delegación de Agentes Comunitarios de Salud (ACS) de los programas Mamás del Río y Mamás de la Frontera. Ese mismo día, conocimos a Carmen Rosa Vilela Vargas, presidenta de la Red de Promotoras de Salud de Lima y Callao. Lo que empezó como una conversación entre compañeras se convirtió, pocas semanas después, en una poderosa alianza.
Nos reconocimos en la lucha, aunque desde realidades distintas. Carmen, desde la organización de promotoras urbanas, con años de trabajo barrial y un esfuerzo incansable por articular con organizaciones que puedan apoyar y con quienes toman decisiones. Nosotras, desde la Amazonía profunda, donde muchas
veces el ACS es la única figura vinculada a la salud en kilómetros a la redonda. Así nació un frente común: diverso, descentralizado, feminizado, y profundamente humano.

Un par de meses después, Carmen conoció a las y los ACS de Loreto. Escuchó sus historias y entendió que mientras ella y sus compañeras vivían postergación, en las comunidades rurales lo que enfrentaban era olvido. Muchas veces no hay centros de salud, ni movilidad, ni profesionales que acompañen. El ACS no es solo el nexo con el sistema de salud: muchas veces es el sistema de salud. Sin ellos y ellas, no hay atención, no hay vigilancia, no hay cuidado.

Fue así como las compañeras de la Red PROSA y Mamás del Río decidieron unir fuerzas para lograr un impacto mayor. Ellas traían experiencia de incidencia política. Nosotras, evidencia científica generada en el campo, trabajo comunitario de base y la urgencia de un cambio real. Así hemos empezamos a construir.
Entre agosto y noviembre de 2024, se presentaron tres proyectos de ley desde bancadas distintas del Congreso.
A pesar de sus diferencias ideológicas, los tres coincidieron en aspectos fundamentales: la necesidad de reconocer formalmente a los ACS como parte del sistema de salud, su inclusión en el primer nivel de atención, el acceso a incentivos y capacitación, y la creación de condiciones laborales dignas.

Estos tres proyectos fueron alimentados por la evidencia. Datos, experiencias y testimonios recopilados por Mamás del Río durante años, en comunidades donde la salud pública no llega por otra vía. La historia clínica de este país rural y olvidado estaba siendo contada, al fin, en el lenguaje de la política pública.



El 8 de abril de 2025, recibimos una noticia que nos llenó de esperanza: la Comisión de Salud del Congreso aprobó por mayoría el predictamen de los proyectos de ley que reconocen la labor de los ACS. Se abrió el camino para el debate en el Pleno. Aquel día celebramos, pero también reafirmamos
nuestro compromiso: seguir hasta lograr la promulgación de la Ley. Y no paramos. En junio, volvimos al Congreso para reafirmar frente a congresistas, académicos y diversas organizaciones nuestra consigna de que los Agentes Comunitarios de Salud son el pilar de la atención primaria y voz de la comunidad. Fue una jornada simbólica en la que conseguimos aceptación y apoyo para este sueño.
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